
Preparaos una taza de café, té, refrescos o similares porque esta entrada va para largo. Finalmente he encontrado tiempo e inspiración para escribir, así que hola a todos de nuevo.
Lewis, nombre ficticio, es galés y ronda los 30. Rubio, de pelo corto y barba de tres días. Estatura media. Con algo de exceso de peso pero musculoso, tipo pequeño torito. Ojos grandes y azules. Más rápido que el rayo. Nervio, puro nervio...
Lo conocimos en una excursión que hicimos el domingo, en barco, a la isla más grande de las nueve que hay por esta zona, Redang. Un viaje de una hora para pasar el día y hacer tres inmersiones con comida, bebidas y parada en la isla principal y otros islotes. El mejor día de buceo con diferencia puesto que los sitios donde estuvimos eran preciosos bosques de coral y pudimos ver tortugas y tiburones con manchas negras de casi dos metros de longitud.
Nada más llegar al primer sitio, Zai, el Dive Master, establece las parejas de buceo (siempre tienes un compañero, por motivos de seguridad. Si pasara algo, él te ayuda). Peter con Guido, Jonas y Heidi (otra pareja de daneses que también son coleguitas) y tú con Lewis.
Mr. Jaiperactif es un buceador experimentado, ya ha hecho más de 50 inmersiones. Pareja entonces, ¿ok? ok, venga. ¿Hacemos el buddy check? Esto quiere decir que revisas el equipo de tu compañero, compruebas que la botella está abierta, los pesos bien colocados, el BCD en orden, reguladores funcionando... etc. antes de meterte en el agua. No es posible, Lewis ya se ha tirado. Se había puesto las aletas y el resto del equipo, había ido corriendo a la proa y había saltado de pie (todo el mundo se tira hacia atrás), bien. Los demás nos preparamos y nos vamos tirando uno a uno, hacia atrás, lo normal. Nos juntamos todos en la boya que está colocada cerca de la proa del barco. Zai dice, bueno ¿todos preparados? Lewis deshincha su BCD a gran velocidad y antes de que nos demos cuenta ya está en el fondo del mar (matarile matarile). Los demás bajamos, yo voy tranquilo hacia él, hago la seña de ¿ok? me la devuelve, ok, da tres aleteos y cuatro manotazos y se aleja de mí unos 10 metros. Ya me he quedado sin compañero. Bueno. Diferentes estilos de buceo.
Lo normal es que el Dive Master vaya delante, guiando y los demás detrás de él, o en paralelo (con tu compañero) o en fila, muy despacito, con las manos pegadas al pecho, sin moverlas mucho para ahorrar energía (lo que significa aire) y apreciando todos los pequeños detalles que se encuentran en el fondo marino. No es este el estilo de Lewis.
El chavalote ya está a tomar por el culo. Mueve los pies, los brazos y las manos todo el tiempo. Se acerca a la roca, mira aquí, mira allá, gira la cabeza, busca que te busca sin parar. De repente encuentra algo, te mira, te llama, agita las manos, nervioso, que vayas, que vayas. Tú te acercas a ver qué pasa. Te pega unos cuantos manotazos cuando llegas a su altura, señala, te quedas mirando y cuando te das cuenta ya se ha pirado. Miras un rato al pececillo en cuestión y cuando te giras Karl está a 10 metros de ti y se repite la misma escena anterior. Así hasta el infinito. No obstante, pese a moverse tanto bajo el agua, el tipo siempre acaba con más aire que nosotros. Impresionante.
En Redang, la isla grandota, paramos a reposar entre inmersiones y meternos en el cuerpo (con las manos por cierto, mano derecha siempre, no lo olvidéis, que la otra es para diferentes menesteres) ese arrocito con pollo, ternera o pescado que vale 50 céntimos de euro. Durante la comida nos contó la siguiente historia, pa mear y no echar gota. Nuestro amigo anda por Sipadán, un sitio al sur sur de Malasia, en la isla contigua (la que comparte con Indonesia). Está por allí haciendo sus cosas y se junta en el centro de buceo con unos colegas. En la mochila de uno de ellos hay una bolsa con polvo blanco. La cogen y piensan, mmhhh, perico, hagamos unas líneas. Preparan un par de ellas para cada uno, casi un gramos entre tres. Se las enchufan del tirón y de repente, oh, oh, esto no es coca. Ketamina. Una droga bastante popular en los últimos tiempos. Anestesia para elefantes. 15 minutos después el tipo se tiene que agarrar a la mesa, todo flota a su alrededor, ueeeee, ueeeee... Tras este desgraciado episodio, se van a bucear. WTF??? (para los que no hablen inglés fluido, me explico, esta expresión significa “what the fuck?”, como diciendo, ¿¿¿en qué coño estará pensando este hombrecillo???)
Tras este pequeño inciso, seguimos buceando, diversión, risas, magníficos sitios, peces por doquier... Acabamos la jornada y regresamos con el barco, otra horita de viaje. Cuando atracamos en la playa, todos empezamos a recoger el equipo. Al girar la cabeza observamos que Lewis ya no está en el barco y vemos como sube las escaleritas y entra en el centro de buceo. Carl Lewis, el hombre del petardo en el culo. Cuando nosotros llegamos al centro él ya está sentado en el sofá y le ha dado tiempo a ir a la tienda y comprar una birra y todo. Fiiuuuuuu!!!
Otro día teníamos prevista una inmersión y nuestro amigo venía con nosotros. 15:30, no se presenta, 15:45, tampoco está, 16:00 nos vamos sin él. Por la noche nos lo encontramos (historia aparte que más tarde os narrarré) y nos comenta que ha ido a bucear con otra escuela. Imaginamos que ha sucedido lo siguiente. Lewis llega tarde a Spice Divers (se había quedado traspuesto durante la siesta), ve que ya no estamos, va corriendo a otra escuela, pregunta si hay sitio, no, prueba en la siguiente, ¿puedo bucear?, sí, venga vamos... tres minutos después estoy seguro de que ya está en el barco completamente equipado preguntando ¿bajamos ya, bajamos ya? Por cierto que hizo el barco vietnamita con la otra escuela (Vietnamese Wreck), estuvo 10 minutos viéndolo y luego 35 minutos por encima de la arena, viendo nada, buscando caballitos de mar. Y le montó un pollo curioso al dive master de allí.
Con esto os hacéis una pequeña idea de cómo se las gasta este individuo. Otro día os cuento lo que pasó el último día que lo vimos en la isla. Tela, telita.

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