
Foto tomada una noche indeterminada enfrente de mi cabañita a las 2.30am. Ya no sé ni en el día de la semana en el que vivimos, ni el día del mes que es, ni qué pasó ayer, ni los devenires del mañana... que sensación tan fantástica.
Dos de mis vecinos. Un grupo de cuatro malasios de una isla llamada Langkawi. Rondan los 26 añitos. Os presento: Ferdos (o algo así, que este tenía el nombre más difícil), curra en un hotel, es el de la izquierda en la foto; Cham, a la derecha, constructor, estudió ingeniería civil; Hasan, profesor de árabe de jóvenes entre 14 y 17 años; y Amin, que trabaja en una imprenta. Estos no beben, son buenos musulmanes. Muy sociables y realmente majos. Integrando y compartiendo todo lo que tienen. En el momento de la foto estamos en el jardín cocinando la cena, resopón más bien puesto que ya era un poco tarde (para ellos, que yo sigo noctámbulo como siempre). Habían ido por la tarde a bucear a pulmón y habían cogido un montón de almejas de buen tamaño. Hasta que no me senté con ellos y me comí unas cuantas no quedaron satisfechos. Tuvimos una agradable conversación, aunque su nivel de inglés no era muy bueno, pero hicimos lo que pudimos y aparte de hablar estuvimos riendo y sonriendo todo el tiempo. Siendo buenos.
El día que los conocí vinieron corriendo a presentarse, yo creo que me acababa de despertar y andaba por los alrededores de mi cabaña. Ya sabían mi nombre y todo, supongo que mi casero les había comentado que somos vecinos. A partir de ahí, amiguetes. Cada vez que nos veíamos por la isla nos saludábamos efusivamente y charlábamos un poco sobre lo que habíamos hecho o nuestros planes inmediatos futuros.
La verdad que los malasios son gente muy agradable, me encantan. Uno de los motivos por los que estoy tan contento de estar en esta isla.

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